Willow era la última Corgi de la soberana británica. La curiosa historia de la monarca con esta raza.

La reina Isabel acaba de perder la más Royal de los Royals: Willow, su última perrita Corgi y la más devota de sus amigas. Murió el domingo de cáncer a los 15 años y puso punto final a la asociación de la Familia Real por más de 80 años con esta raza galesa, cuya fascinación heredó la soberana de su padre, el rey George.

Willow era una descendiente directa de Susan, la primera perra de la reina, que la acompañó hasta en su luna de miel. Un veterinario fue convocado el domingo a la tarde al palacio de Windsor para poner fin a su sufrimiento. Willow fue una de las corgis estrellas que caminaban junto a la reina y James Bond, personificado por Daniel Craig, en el famoso film para celebrar los Juegos Olímpicos en Londres. Los corgis saltaban por la escalera, jugaban y luego despedían el helicóptero, donde Bond y una doble de la reina se iban a lanzar en paracaídas sobre el estadio.

Meses después murió Monty, que tenía 13 años, y Holly corrió la misma suerte en el 2016. La reina decidió dejar de criar Corgis Pembroke Galeses por temor a que pudieran hacerla caer cuando juegan. Tampoco quería dejar ningún perro como herenciacuando muriera. Pero a lo largo de su vida, la reina ha criado 30 corgis, herederos de Susan y Honey, la pareja que tenía su padre.

Isabel, Margarita, su padre y su madre, y uno de sus perros (Reuter)

Los corgis han jugado un gran rol en la vida de la Familia Real y de sus huéspedes. Eran los únicos autorizados a entrar y salir del dormitorio de la soberana y ella misma los llevaba a caminar todos los días por el parque y les daba de comer personalmente.

En el retrato familiar de los 90 años, Isabel II posó con sus nietos, bisnietos y sus corgis. El año pasado adoptó a Whisper, a pedido de un empleado del palacio de Sandringham que murió, y a Vulcan y Candy, una cruza de corgis con dachshund.

Los royals corgis aprendieron a conocer el protocolo. Si veían a su ama con una tiara, se acostaban en la alfombra. Si aparecía con un pañuelo de seda en la cabeza, era el tiempo para su caminata. “Los corgies han mantenido a mi madre en forma. Ella es increíble a su edad y hace largas caminatas con ellos. Los perros la han mantenido activa”, contó el príncipe Andrew.

Así como la reina los amaba, los cortesanos y los guardias los detestaban. Estaban hartos de soportar estoicamente que les mordieran los tobillos. Uno de los sirvientes, cansado, mezcló en el agua gin y whisky, y los perritos se emborracharon. Pero fue descubierto y despedido.

Los perros bajan del avión en que son trasladados siempre que acompañan a la reina. (AP)

Nunca un psiquiatra fue convocado por un miembro de la Familia real oficialmente. Pero la reina fue forzado a utilizar un experto en conductas de animales para evitar que sus corgis se pelearan entre ellos. En el peor incidente, en 1989, Ranger, que pertenecía a la reina Madre, mató a Chipppie, una de las corgi de la reina. Dos años después la reina fue mordida, cuando trató de separar una pelea de seis de sus corgis con dos de los corgis de la reina madre en Windsor. A ella le dieron tres puntos; a su chofer, la inyección antitetánica. El psiquiatra recomendó colocar una alarma auditiva en los perros para frenar las peleas. Otra tragedia sucedió en Sandringham cuando, durante una Navidad, Pharos, uno de los más viejos corgis de la reina, fue salvajemente atacado por el perro de la princesa Ana y murió.

Willow era el último vínculo con sus padres, es el fin de una era. La reina la va a extrañar inmensamente.

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