Más disponibilidad y más contacto son algunas de las claves que propone La revolución de la crianza de Vanina Schoijett.

Vanina Schoijett empezó un blog en 2012, cuando estaba formándose en puericultura. A través de pequeños artículos sobre lactancia, sueño, porteo, parto y nacimiento, comenzó a crear Duérmete Hannibal, un espacio al que madres y padres acuden para leer sobre los temas que más les interesan sobre crianza y desarrollo de sus hijos. El trabajo de todos estos años se convirtió en La revolución de la crianza (Vergara), una compilación de cien artículos claros y amenos publicados en su página de Facebook. En diálogo exclusivo con ELLE.com.ar, Vanina habló de la dificultad de los adultos para conectar con los hijos, la duración de la lactancia, el colecho y el daño que generamos en los niños al dejarlos llorar para dormir.

¿Por qué crees que aparece la necesidad de aprender sobre estas nuevas formas de criar? ¿Qué impulsa el interés de los padres?

Pienso que confluyen dos cuestiones. Por un lado, hay un despertar de la conciencia en relación a la importancia del vínculo que construimos con nuestros hijos especialmente en los primeros años de vida. Está cobrando relevancia algo que parece una obviedad, pero que no siempre lo es: entender que el niño es un sujeto de derechos, que es un ser humano que merece respeto. Creo que el hecho de que muchos adultos que ahora están criando niños pequeños se estén conectando con sus propias infancias, estén revisando sus propias historias a través de diferentes sistemas de indagación -desde terapias formales hasta alternativas- suma positivamente para que, a la hora de criar, se replanteen muchos mandatos que venimos heredando de las generaciones anteriores. Estamos aprendiendo a mirar más a nuestros hijos, conectar con lo que viven y necesitan en cada etapa.

Por otro lado, pienso que la era de la información ha puesto al alcance de los padres muchas herramientas y evidencias con las que las generaciones anteriores no contaban. Hoy podemos cuestionar y tomar decisiones informadas -desde si hacer colecho o no, hasta cuándo dar la teta y el poder criar aplicando medidas de disciplina positiva- porque podemos contrastar puntos de vista diferentes hasta encontrar el propio, lo que resuena con nosotros.

¿Cuáles son las necesidades afectivas básicas de un niño? ¿Por qué a los adultos nos cuesta tanto conectar con ellos?

Un niño siempre pide lo que genuinamente necesita. Y podemos decir que todos los niños necesitan más o menos las mismas cosas: amor, respeto, tiempo, mirada, disponibilidad. Un niño que es saciado en sus necesidades en su etapa temprana de crianza podrá constituirse en un ser confiado, seguro, y desarrollar esa autonomía que todos los padres ansían. El problema es cuando queremos apurar esa independencia, separándolos prontamente de nosotros. Los sacamos de la cama, les sacamos la teta, les sacamos los pañales. Creo que nos cuesta conectar con ellos porque estamos desconectados de nosotros mismos en primer lugar. La propia indagación es la puerta de entrada para reencontrarnos con nosotros y, en consecuencia, con ellos.

Desde tu lugar de puericultora, más allá de los beneficios reales de la lactancia, ¿cómo ves la creciente presión social para amamantar a los hijos y hacerlo de forma prolongada? ¿Cómo manejar los mensajes culpabilizantes si no podemos o no queremos hacerlo?

Estamos reconstruyendo la cultura del amamantamiento que hace 40 años se perdió prácticamente por completo, gracias a la desinformación y al boom de las leches de fórmula. Está bueno entender que amamantar no es una moda, como a veces se escucha por ahí. Sencillamente existimos -nosotros y todas las demás especies de mamíferos- gracias a la lactancia materna. Entiendo que ninguna mujer puede ni debe amamantar si no lo desea, pero siendo esta una función biológica y fisiológica, creo que sería interesante que esa mujer pueda conectar con eso que siente y desenmarañarlo.

No hablamos de obligar a nadie a amamantar. Simplemente creo que hay un pulso biológico para hacerlo y que cuando no está presente, habría que entender de dónde viene eso que la madre siente.

No podemos perder de vista que somos seres culturales y que la lactancia no escapa a esa cultura. Una mujer que amamanta debería intentar despojarse de los prejuicios y de la mirada del otro para poder decidir y elegir cómo quiere llevar adelante su lactancia, junto con su hijo. Ellos son los únicos que pueden decidir sobre esto. Ni el pediatra, ni el papá, ni la suegra ni la puericultora.

El feminismo y la revolución sexual permitieron cierta liberación de la mujer del ámbito del hogar, pero las corrientes nuevas de crianza respetuosa parecen ser parte de un movimiento para volver a replegar a la mujer al interior del hogar. ¿Cómo conciliar feminismo y crianza?

Yo siento que a veces se mal interpretan algunos postulados del feminismo. Ser feminista, como yo lo entiendo, es buscar equidad para la mujer dentro de un sistema opresor y esencialmente patriarcal donde las oportunidades son desiguales. Y uno de los roles de la mujer es el de la maternidad -para aquellas que eligen ser madres, claro-. Ese rol debiera ser tan o incluso más valioso que los demás porque hay un ser en desarrollo que depende de nosotras. Y es un enorme desafío para el ego el hecho de corrernos del centro y poner a ese otro más vulnerable en primer lugar.

Yo, en lo personal, no lo veo como una resignación ni como una pérdida del espacio ganado por las mujeres. Creo que no hay nada más transformador que la llegada de un hijo y que eso cambia inevitablemente el esquema de prioridades. Hacer valer ese espacio como madre, respetarlo y defenderlo es una actitud sumamente feminista.

Es real que el poco apoyo de las políticas públicas no ayuda para nada. Si todas las mujeres (y los hombres) contaran con licencias por ma/paternidad más prolongadas y sensatas, la conciliación entre el mundo familiar y laboral sería más amable. En mi trabajo acompaño a mujeres que desean continuar con la lactancia y deben dejar a sus bebés de 45 días en una guardería. Me resulta muy doloroso.

¿Por qué, a pesar de que es un método cruel, muchas familias siguen utilizando el método Duérmete niño del Dr. Estivill? ¿Qué consejos les das a las familias cuyos hijos duermen muy mal?

Creo que los padres siempre buscamos hacer lo mejor para nuestros hijos, incluso los que aplican el método Estivill pensando que es la solución para los “problemas” de sueño de sus hijos. Lo digo entrecomillado porque el problema real es no entender cómo funciona el sueño infantil, por qué los bebés y niños pequeños se despiertan de noche y cómo es que madura este proceso, que es fisiológico. Entiendo que la falta de sueño puede resultar desesperante, pero cuando uno ve que el 90% de los bebés se despiertan de noche, es bueno preguntarnos si entonces no será que es algo normal.

Pienso que el mejor consejo que puedo darles a las familias es que se informen antes de aplicar este tipo de métodos de los que hay basta evidencia de sus nocivas consecuencias, no sólo en el presente sino más adelante, en la vida adulta.

La naturaleza nunca se imaginó que a los seres humanos se nos ocurriría algún día la idea de dormir alejados de nuestros bebés. El colecho y la lactancia son los mejores aliados para sobrellevar la etapa de despertares nocturnos. Los bebés no duermen “muy mal”. Duermen como bebés. Ya ser harán mayores, irán madurando su estructura de sueño y conseguirán dormir de corrido. Lo hemos hecho todos.

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