El príncipe festeja los 70 años este martes en el palacio de Buckingham. Luego los recién casados irán a África, donde nació su romance.

Los duques de Sussex, como se llaman oficialmente el príncipe Harry y Meghan Markle, recién casados, decidieron postergar su luna de miel. Lo hicieron para poder estar presentes este martes en el festejo de los 70 años del príncipe Carlos, el papá del novio, en el palacio de Buckingham.

Luego de eso, entonces sí, partirán. Viajarán a Botsuana, en safari al delta del Okavango, donde se inició el romance, bajo las estrellas. Se trata de uno de los destinos más caros del mundo. Es un regalo de Meghan a Harry y no descartan visitar Namibia. África es la pasión de la nueva pareja.

Después de despertarse al mediodía, y ya repuestos de la ceremonia del sábado, Meghan y Harry partieron a su pequeño cotagge en Kensington Palace, donde estaba viviendo la madre de la novia.

Mientras esto ocurría, Windsor ponía en marcha un operativo de limpieza y recuperación de su normalidad, tras ser el escenario de la boda más extraordinaria de la monarquía británica.

Una legión de barrenderos se apropió de su High Street y otra de la Long Walk para que, en unas pocas horas, esta ciudad de 32.000 habitantes y casa favorita de la reina Isabel volviera a ser tan inmaculada como siempre.

La intensidad de los trabajos permitió que a 12 horas del evento, casi no quedaran rastros de que 100.000 personas “invadieron” Windsor para vivar a los novios y celebrar la seguridad, la belleza y naturalidad de la primera mestiza que aterrizó en la Familia Real británica.

Los 5 mil periodistas acreditados comenzaron a abandonar la ciudad este domingo al mediodía, tras cubrir “El día después”. Los sets de televisión fueron desmantelados de los alrededores del palacio.

La municipalidad retiró las vallas de metal de la enorme avenida que lleva al palacio, por donde pasaron los invitados en carritos de golf y los novios en su landau victoriano, saludando a la multitud. Y lentamente los trenes fueron evacuando la ciudad, en un proceso que duró hasta la madrugada.

Los dueños de las tiendas de souvenirs abrían sus puertas somnolientos el domingo, luego del día de más trabajo de su historia. “Vendimos el 50% del stock en horas. Toda nuestra familia vino a ayudarnos, hasta la abuela. La gente pedía las tazas con la cara de Meghan y Harry, las máscaras, las fotos de William y Harry juntos, banderas, teteras, imágenes de la reina. Nunca nos pasó nada igual en los 27 años que tenemos este negocio. El secreto es que la boda fue en Windsor esta vez” contó Markeet Sing Anjla, un indio de Punjab con su boutique frente al palacio de Windsor. Ahora banderas y mugs de la boda con las caras de Meghan y Harry se rematan a 1 libra cada uno (unos 33 pesos argentinos).

En Lilibeth, el café que lleva el nombre con que sus íntimos conocen a la reina Isabel en la calle principal de Windsor, las mozas pedían “un día de paz”, luego que el sábado se convierta “en un lugar de locos”. Mili, la camarera húngara, contó que se quedaron sin stock. ”No había mas sándwiches, ni scones, ni mermelada. Tuvimos que pedir auxilio a nuestro otro local. Antes y después de la boda, fue una verdadera locura de gente. Nunca vendimos tanto”, dijo.

Este domingo, en otro día esplendido de sol, Windsor recuperaba su normalidad. Los kioscos mostraban las ediciones especiales de los diarios británicos celebrando el matrimonio de la diversidad. Los vecinos se reunían en los bares para un “brunch” y para comentar la boda, mientras se asombraban de la rapidez con que su ciudad volvía a ser la misma de siempre.

“Es increíble. Ya a las dos de la mañana ya la High St frente al palacio había sido limpiada. Enormes pilas de basura fueron recogidas por los camiones y todos los basureros parecían coordinados. A las 7 camiones se llevaban las barreras”, se asombró Naziq Hussain, manager de Esquieres Coffee House.

Los hoteles y los bares frente al palacio plegaron sus banderas británicas mientras nuevos huéspedes y ómnibus llegaban para visitar Windsor, un centro turístico de Gran Bretaña. Los homeless (“sin techo”), que habían sido desalojados de la calle principal en una operación muy criticada, regresaron y dormían al sol, envueltos en las frazadas de las banderas británicas, abandonadas por los Royalistas que pasaron la noche a la intemperie para tener un lugar en la primera fila de la boda.

Nuevos turistas, como el argentino Aldo Nieta y su esposa, que habían llegado desde Pilar en un tour, se aprestaban a visitar el palacio, que ya tenía una cola de más de 300 visitantes listos para entrar.

La reina Isabel partía discretamente a misa a la capilla real de todos los Santos, sin el príncipe Felipe a su lado, por la puerta del Farm Shop de Windsor en su Land Rover y con otro sombrero.

Sus nietos Royals aún dormían, después de una larga noche de fiesta y baile con Harry y Meghan en Frogmore House, organizada por el príncipe Carlos, que duró hasta el amanecer.

Con la música del DJ Sam Totolee, que también estuvo en el casamiento de William y Kate, todos bailaron. El primero para los novios fue “I wanna dance with somebody” de Whitney Houston. Con un menú que incluyó “drinks” de todo el mundo, cócteles, pequeñas hamburguesas y candyfloss, fue una noche inolvidable.

Mientras tanto Kensington Palace publicó en las redes sociales los diseños del vestido y el velo de Meghan, cuya autora es la británica Waight Keller, la diseñadora de Givenchy, que guardó el secreto hasta el final. Serge Norman, el coiffeur que viajó especialmente desde Nueva York para el estilismo de Meghan, dijo que ella estaba “muy, muy feliz”. ”El príncipe Harry es fantástico. Una hermosa pareja”, destacó.

Los diarios británicos, en tanto, reconocían a la otra estrella del casamiento: el obispo episcopal de Chicago y titularon con sus palabras. ”Fue una verdadera boda. No era teatro. Fue emocionante y realmente preciosa”, describió.

Antes de despertar, la nueva duquesa ya tenía su espacio en el sitio de Internet de los royals, donde destacaban su trabajo de beneficencia, su rol de embajadora de la ONU y reducían a pocas líneas sus 15 años de actriz.

Pero todos sabían que Hollywood llegó al palacio y las celebridades opacaron a los Royals, en una mezcla de glamour y viejas tradiciones, para perpetuar la monarquía del siglo que viene.

 

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