“He visto elevarse la autoestima de muchas mujeres una vez que saben cómo salir adelante en lo financiero por cuenta propia. Y cuando la autoestima de una mujer se eleva, las relaciones a su alrededor se intensifican. Su vida mejora en general porque se sienten bien consigo mismas y toman decisiones que les resultan legítimas”.

Una charla con Kim Kiyosaki, una mujer a quien la adversidad la llevó a reinventarse y a construir una nueva mirada sobre los negocios: la idea de que debemos integrarnos a través de una educación espiritual y financiera, en pos de promover mejores oportunidades y vínculos.

En diciembre de 1984, Kim y Robert Kiyosaki vendieron todo lo que tenían para cumplir el sueño de su vida: crear un negocio propio. Pero las cosas no fueron bien y al tiempo perdieron lo poco que tenían. Sin casa, debieron pedir asilo a sus conocidos para conseguir un lugar donde dormir, hasta que no les quedó más remedio que pasar las noches en su auto, un Toyota Celica chocado. “El dinero te puede hacer miserable”, plasmó Kim sobre aquella experiencia, donde recuerda que aquel dilema económico los convirtió en seres avaros que discutían todo el tiempo y se culpaban el uno al otro.

Hasta que llegó el momento de levantarse para volver a construir. Aun en los peores momentos, ella jamás perdió la esperanza y la certeza de que ambos debía tomar la decisión de reinventarse. De otro modo, hubiera sido muy difícil dejar esa situación atrás. “Dudo haber podido salir adelante sin ella. Hubo muchas veces en que estuvimos sin dinero, sin techo, sin transporte, y ella me abrazaba y me dejaba llorar como un niño. Fue la valiente, la columna vertebral; nunca perdió la fe en mí, aunque yo sí la había perdido”, escribió sobre su mujer el renombrado Robert Kiyosaki, asesor financiero y autor del best seller Padre rico, padre pobre, con quien Kim se casó hace treinta y dos años.

Luego de la experiencia de rearmar su propia economía, ella también se animó a escribir: Mujer millonaria es una guía de reflexión y de acción en materia de negocios, dedicada exclusivamente a las mujeres. Allí revisa mandatos de género, ahonda en la importancia de los vínculos como el gran motor de todo y propone tomar las riendas de las propias finanzas, para dejar de depender de una vez por todas de los varones en cuestiones de dinero. “Hoy más que nunca nosotras, como mujeres, no podemos depender de alguien más, sea marido o pareja, padres, jefe o gobierno, para que se encargue de nosotras a nivel financiero”, escribe.

–¿Cuáles son los desafíos para emprender que debemos enfrentar hoy?

–Los desafíos que debemos enfrentar son muchos, pero uno muy grande es tomar la decisión de traspasar nuestros propios límites. Un gran escollo para muchas mujeres es el de alcanzar la libertad financiera. Nosotras estamos en una búsqueda constante de libertad, pero es importante entender que, para tener libertad financiera, debemos dejar de depender de parejas, hijos, jefes o incluso de un sueldo.

–Pero muchas mujeres están preocupadas por tener una vida conectada con otros valores, antes que con el dinero…

–Claro, porque el dinero es un medio, no un fin. Y esto es así porque lo importante es qué hacemos con él. Hay personas que mientras más dinero tienen, más dinero gastan. Pero el logro está en saber encontrar negocios que nos generen un cierto flujo de dinero, para luego invertir en oportunidades que se trasladarán necesariamente a crear entornos más humanos.

–En este mundo cambiante, ¿dónde debemos ubicarnos?

–El papel está siendo reemplazado rápidamente, la tecnología está cambiando nuestra relación con el dinero y debemos estar atentos y educarnos constantemente para no quedarnos atrás. La educación es la base de todo el proceso.

–¿Cuál será el papel de las mujeres una vez que la igualdad de oportunidades ya no sea una batalla sino una conquista?

–Lo bueno de la libertad es que da la posibilidad de elegir, y al tener el poder de tomar decisiones, el rol que asumimos no es único e inamovible, sino que varía de acuerdo a lo que uno anhela y busca en un determinado momento. En ese contexto, podemos llegar a ser lo que queramos ser, porque eso depende enteramente de nosotros.

–Con una mano en tu corazón, ¿cuál es tu mayor deseo acerca de la relación que la gente construye con el dinero y con otras personas?

–Mi gran anhelo, y la razón por la que trabajo, es ayudar a otras mujeres a conseguir su libertad financiera, eso es lo que me trae a Buenos Aires ahora, de hecho. El primer paso es la educación, pero no sólo la tradicional sino una educación espiritual y financiera. Me importa que las personas sepan hacer un uso inteligente de sus ingresos y entiendan que la riqueza no está en el dinero, sino en cada uno de nosotros y en los momentos que compartimos con nuestros seres queridos y con nuestro prójimo.

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