La semióloga especializada en alimentación y cultura, Carina Perticone, contó los platos que se comían durante la revolución de mayo de 1810.

Llamativamente, precisó que no hay fuentes documentales de las que se puedan deducir si se comía locro en Buenos Aires.

“No pude encontrar algo que me indicara que se comiera locro. Sí en el norte de Santa Fe y en Tucumán”, explicó.

Comentó que, en base a testimonios de viajeros y arqueólogos, pudieron determinar que se comía “mucho” pescados de río como el surubí, dorado y pejerrey, considerados como un plato de mesa. Por su parte, las empanadas eran consideradas comida de calle.

Detalló que los potajes de cocciones largas como la olla podrida, en donde se incluía todo tipo de cortes animales y vegetales, eran “platos diarios”.

Asimismo, señaló que el antecedente más próximo del asado es la carne asada con una estaca, en donde entraban cortes de vaca y de cordero.

Con respecto a los dulces y postres, contó que en las calles se vendían pasteles, tortas, “bollitos dulces” e incluso en Córdoba había una industria artesanal de figuras de azúcar que se enviaban para Buenos Aires.

“Los pasteles no sabemos exactamente como eran porque no estaban descriptos”, admitió.

Otro de los platos singulares era “la jalea de pata de vaca”, una especie de gelatina con azúcar y especias, pero aún no determinaron si se comía como plato principal o postre.

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